Son las tres de la mañana y te despiertas con el corazón golpeando en el pecho. Te falta el aire. Sientes un peso en el tórax, hormigueo en las manos, la certeza absoluta de que algo grave está pasando. Piensas en un infarto. Vas a urgencias.
Te hacen electrocardiograma, te toman enzimas cardíacas, te dejan en observación. Todo sale normal. Te dicen que «fue ansiedad» y te mandan a casa. Y tú te vas confundido, porque lo que sentiste no tenía nada de imaginario.
Esa escena se repite todos los días en las salas de urgencias del país. Vamos a explicar por qué ocurre, en qué se diferencian las dos cosas y, sobre todo, cuándo no se debe intentar distinguirlas en casa.
Una nota antes de seguir. Este artículo es información general, no un diagnóstico. Un dolor en el pecho no se puede descartar sin examen: si es la primera vez que te pasa, si el dolor es intenso o distinto a los anteriores, o si tienes factores de riesgo cardiovascular, que lo valore un médico. Que muchas veces sea ansiedad no significa que esta vez lo sea.
Qué es exactamente un ataque de pánico
Un ataque de pánico es una oleada brusca de miedo intenso o malestar que alcanza su punto máximo en pocos minutos, normalmente alrededor de los diez, y que viene acompañada de síntomas físicos muy marcados. No es «estar nervioso». Es una descarga del sistema de alarma del cuerpo, completa y de golpe.
Lo que suele aparecer:
- Palpitaciones o corazón acelerado
- Sudoración y temblor
- Sensación de ahogo o de que falta el aire
- Opresión o dolor en el pecho
- Náuseas o malestar abdominal
- Mareo, inestabilidad o sensación de desmayo
- Escalofríos o sofocos
- Hormigueo o adormecimiento, casi siempre en manos y alrededor de la boca
- Sensación de irrealidad, o de estar separado de uno mismo
- Miedo a perder el control o a volverse loco
- Miedo a morir
Ese último punto es clave. El miedo a morir no es un adorno del cuadro: es parte del cuadro. Por eso la persona no consulta a un psicólogo, consulta a urgencias.
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Quince preguntas, cuatro minutos, anónimo y sin dejar tu correo. Te dice qué tan alto está tu malestar y te deja un resumen para llevar a la primera consulta.
Por qué se parece tanto a un infarto
Porque en buena medida el cuerpo está haciendo lo mismo. Ante una amenaza, real o interpretada como tal, el organismo libera adrenalina: el corazón se acelera para llevar más sangre a los músculos, la respiración se vuelve rápida y superficial, la sangre se redistribuye hacia el centro del cuerpo. Es un mecanismo de supervivencia perfectamente diseñado, activándose en un momento en el que no hace falta.
Dos detalles explican buena parte de los síntomas más alarmantes:
La hiperventilación. Al respirar rápido y de más se elimina demasiado dióxido de carbono. Eso cambia el equilibrio químico de la sangre y produce, de forma predecible, hormigueo en manos y boca, mareo, visión borrosa y sensación de irrealidad. Es decir: los síntomas que más asustan son consecuencia del susto, no de una enfermedad del corazón.
La tensión muscular del tórax. Los músculos intercostales se contraen y generan un dolor real, punzante o de opresión, que se parece lo suficiente a un dolor cardíaco como para no poder diferenciarlo por cuenta propia.
Las diferencias que sí orientan
Con la advertencia ya hecha de que esto no reemplaza una valoración médica, hay patrones que en la consulta ayudan a orientar:
Cómo empieza y cuánto dura
El ataque de pánico suele tener un inicio abrupto, sube muy rápido, llega a un pico y empieza a bajar solo. Rara vez se mantiene en intensidad máxima más de veinte o treinta minutos. Un cuadro cardíaco agudo tiende a instalarse y a sostenerse o empeorar con el tiempo.
Qué lo modifica
El dolor de origen cardíaco típicamente empeora con el esfuerzo y mejora con el reposo. El dolor del pánico, en cambio, no sigue esa lógica: puede aparecer en completo reposo, viendo televisión, o incluso despertando a la persona.
Dónde y cómo se siente
El dolor del pánico se describe más como punzada localizada o presión que se puede señalar con un dedo, y a menudo cambia de sitio. El dolor cardíaco se describe más como un peso u opresión difusa, que la persona señala con la mano abierta, y que puede irradiarse hacia el brazo, la mandíbula o la espalda.
El hormigueo
El hormigueo simétrico en ambas manos y alrededor de la boca es muy característico de la hiperventilación. Un adormecimiento en un solo lado del cuerpo es otra cosa y requiere valoración inmediata.
El contexto
Si ya te ha pasado varias veces, si empezó después de una época de mucho estrés, si te ocurre en situaciones específicas, o si entre episodio y episodio vives pendiente de que vuelva, el patrón apunta hacia el pánico.
La regla práctica que damos en consulta: la primera vez, siempre se consulta. La segunda y la tercera, también, hasta que un médico haya hecho la valoración correspondiente. Una vez que ya hay un estudio médico que descartó causas orgánicas, seguir yendo a urgencias en cada episodio deja de ayudar y empieza a alimentar el problema. Explicamos por qué en el siguiente punto.
El círculo que convierte un susto en un trastorno
Aquí está el corazón del asunto, y es lo que la mayoría de la gente no sabe.
El ataque de pánico, por sí solo, no es peligroso. Lo que lo vuelve un problema persistente es cómo se interpreta. El circuito funciona así:
- Aparece una sensación corporal cualquiera: el corazón se acelera al subir escaleras, un mareo al levantarse rápido.
- Esa sensación se interpreta como señal de peligro: «otra vez», «me va a dar algo».
- Esa interpretación dispara más adrenalina.
- La adrenalina intensifica las sensaciones corporales.
- Las sensaciones más intensas confirman la interpretación catastrófica.
El círculo se cierra y se retroalimenta en cuestión de segundos. La persona termina teniendo miedo a sus propias sensaciones corporales, y ese es el mecanismo central del trastorno de pánico.
Por qué vuelve: la evitación
Después de unos cuantos episodios aparece la parte que más limita la vida. Se empieza a evitar: el gimnasio, el café, los sitios cerrados, el transporte público, salir solo, el ascensor. Y se empiezan a usar conductas de seguridad: llevar siempre el medicamento en el bolso, no alejarse de una clínica, pedirle a alguien que lo acompañe.
Cada evitación produce alivio inmediato, y por eso se repite. Pero al mismo tiempo le confirma al cerebro que el peligro era real y que evitarlo fue lo que salvó a la persona. El alivio de hoy es el combustible del ataque de mañana. Por eso el problema tiende a crecer y no a resolverse solo.
Qué hacer mientras estás en medio de uno
Nada de esto reemplaza la valoración médica de la que hablamos arriba. Pero cuando ya sabes que se trata de un ataque de pánico, hay cosas que ayudan:
- Alargar la exhalación. No se trata de «respirar hondo», que a veces empeora la hiperventilación, sino de hacer que la salida del aire dure más que la entrada. Inhalar contando hasta cuatro y exhalar contando hasta seis, por ejemplo.
- Nombrar lo que está pasando. Decirse «esto es un ataque de pánico, es desagradable y no es peligroso, va a bajar solo» interrumpe la interpretación catastrófica, que es el motor del círculo.
- Anclarse en el entorno. Buscar cinco cosas que puedas ver, cuatro que puedas tocar, tres que puedas oír. Suena simple, y funciona porque devuelve la atención al exterior en lugar de al monitoreo del propio cuerpo.
- No huir del lugar. Si es posible, quedarse hasta que la oleada baje. Salir corriendo alivia en el momento y refuerza el circuito para la próxima vez.
Y algo que también ayuda: el ataque de pánico termina. Siempre. El cuerpo no puede sostener esa descarga de adrenalina indefinidamente. Por horrible que se sienta, tiene un techo y una bajada.
Qué funciona en tratamiento
El trastorno de pánico es, de hecho, uno de los cuadros de ansiedad con mejor respuesta al tratamiento psicológico. La terapia cognitivo-conductual es la que cuenta con más respaldo, y trabaja sobre tres frentes:
- Entender el mecanismo. Suena poco, pero para mucha gente comprender de dónde salen el hormigueo y el mareo baja la intensidad de forma notable desde las primeras sesiones.
- Cambiar la interpretación. Trabajar sobre el pensamiento catastrófico que dispara el círculo.
- Exposición gradual. Tanto a las situaciones que se están evitando como a las propias sensaciones corporales, de forma progresiva y acompañada, para que el cuerpo aprenda que esas sensaciones no anuncian una catástrofe.
En algunos casos el tratamiento se acompaña de manejo farmacológico, y esa es una decisión médica que se toma con psiquiatría, no algo que se resuelva por internet.
Cuándo pedir ayuda
Vale la pena consultar cuando:
- Ya hubo una valoración médica que no encontró una causa orgánica y los episodios siguen.
- Estás organizando tu vida alrededor del miedo a que vuelva.
- Empezaste a evitar lugares, actividades o situaciones que antes hacías sin problema.
- Vives en estado de alerta, revisándote el pulso o pendiente de cada sensación del cuerpo.
- El sueño, el trabajo o tus relaciones se están viendo afectados.
No hace falta esperar a que sea insoportable. De hecho, entre más temprano se interviene, menos evitación hay que desandar.
Si te está pasando
Los ataques de pánico se tratan, y responden bien
Es uno de los cuadros de ansiedad con mejor respuesta a la terapia. La primera sesión es una valoración para entender qué te está pasando y con qué se trabaja.
Preguntas frecuentes
¿Un ataque de pánico puede matarme?
¿Cuánto dura un ataque de pánico?
¿Por qué me pasa de noche o estando tranquilo?
¿Por qué me hormiguean las manos y la boca?
Ya me hicieron exámenes y salieron normales. ¿Y ahora?
¿Necesito medicación?
Escrito por
Jaime Martínez
Psicólogo · Director de Espacio Psicológico
Psicólogo y director de Espacio Psicológico. Coordina el equipo clínico entre Bogotá, Medellín y Cali, y edita el contenido de salud mental que publicamos.
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