Si estás con ansiedad ahora, empieza por aquí: suelta el aire despacio por la boca, como si soplaras una vela sin apagarla. Toma aire por la nariz sin forzar y vuelve a soltar más lento de lo que entró. Repite durante dos minutos. Luego apoya bien los pies en el piso y nombra cinco cosas que ves a tu alrededor.
Eso suele bastar para bajar un punto la intensidad. Abajo encuentras siete técnicas explicadas con calma, para que elijas dos o tres que te sirvan. Esta guía es informativa y no reemplaza una valoración profesional.
Qué buscan estas técnicas y qué no
La ansiedad es el sistema de alarma del cuerpo encendido. No se apaga con una orden, pero sí responde a señales físicas de que no hay peligro: respiración lenta, músculos sueltos, atención puesta en lo que tienes delante.
La meta no es quedar en cero. Es pasar de un nivel que te desborda a uno en el que puedas pensar y seguir con lo que estabas haciendo. Si las usas para pelear contra la ansiedad con urgencia, suelen funcionar peor. Funcionan mejor cuando las haces con paciencia y dejas que el cuerpo se tome su tiempo.
Técnicas que empiezan por el cuerpo
1. Respiración con salida larga
Toma aire por la nariz contando hasta cuatro. Suéltalo por la boca contando hasta seis u ocho. No llenes los pulmones al máximo: respirar de más aumenta el mareo. Lo que calma es alargar la salida. Hazlo entre dos y cinco minutos.
2. Tensar y soltar
Aprieta los puños con fuerza durante cinco segundos y suéltalos de golpe. Nota la diferencia. Repite con hombros (súbelos hacia las orejas y déjalos caer), mandíbula, abdomen y piernas. Tensar primero ayuda a que el músculo suelte más de lo que soltaría solo.
3. Cambio de temperatura
Mójate la cara y las muñecas con agua fría o sostén algo frío entre las manos durante un minuto. La sensación intensa le da a tu atención algo concreto en qué fijarse y a muchas personas les baja la activación. Si tienes alguna condición cardíaca, consulta antes con tu médico.
4. Movimiento
El cuerpo se preparó para moverse, así que dale movimiento. Camina rápido unos minutos, sube y baja escaleras, sacude brazos y piernas. Si estás en un lugar donde no puedes, empuja las palmas una contra otra con fuerza durante diez segundos y suelta.
Técnicas que empiezan por la atención
5. Anclaje 5-4-3-2-1
La ansiedad te lleva al futuro. Este ejercicio te trae de vuelta al lugar donde estás. Nombra, en voz baja o mentalmente:
- 5 cosas que ves.
- 4 cosas que puedes tocar, y tócalas.
- 3 sonidos que escuchas.
- 2 olores.
- 1 sabor.
Hazlo despacio y con detalle: no «una silla», sino «una silla de madera oscura con una pata gastada».
6. Una sola tarea pequeña
Elige algo sencillo, con principio y fin, que ocupe las manos: lavar un plato, ordenar un cajón, regar una planta. Hazlo poniendo atención a cada paso. No es distraerte para huir, es darle a tu mente un carril por el que andar mientras el cuerpo se regula.
7. Ponerle nombre y hablarte con calma
Decir «esto es ansiedad» ordena la experiencia. Luego háblate como le hablarías a alguien que quieres. Algunas frases que ayudan:
- «Esto es incómodo, no peligroso.»
- «Ya me ha pasado y ha bajado.»
- «No tengo que resolver nada en este momento.»
- «Puedo sentir esto y seguir con lo que estoy haciendo.»
Lo que suele empeorar la ansiedad en el momento
Son reacciones muy humanas, y casi todos las hemos tenido. Vale la pena reconocerlas:
- Exigirte calma ya. Pelear con la sensación la vuelve más grande.
- Buscar en internet lo que sientes. Casi siempre encuentras algo que asusta más.
- Tomar decisiones importantes. Renunciar, terminar una relación o enviar ese mensaje pueden esperar a que estés más tranquilo.
- Calmarte con alcohol u otras sustancias. Alivian un rato y suelen dejar más ansiedad después.
- Más café o bebidas energizantes. Aceleran un cuerpo que ya está acelerado.
- Salir corriendo de la situación siempre. Si puedes, quédate un poco y deja que baje ahí mismo. Tu cerebro aprende que ese lugar no era peligroso.
Cuando ya bajó: dos minutos que valen la pena
Una vez estés más tranquilo, toma agua, come algo si llevas horas sin hacerlo y anota tres cosas: qué estaba pasando antes, qué pensaste y qué te ayudó. Con el tiempo esas notas muestran patrones, como que la ansiedad sube los domingos por la noche o después de dormir poco.
Practica las técnicas también cuando estés bien. Dos minutos diarios de respiración lenta hacen que el día que la necesites te salga casi sola.
Si lo que sientes es mucho más intenso
Si la ansiedad llega de golpe, sube al máximo en pocos minutos y viene con palpitaciones fuertes, sensación de ahogo o miedo a morir o perder el control, puede ser un ataque de pánico. Se maneja de forma parecida, con algunos ajustes, y tiene tratamiento específico: mira terapia para los ataques de pánico.
Si tienes dolor en el pecho o dificultad para respirar y no sabes a qué se debe, busca atención médica o llama al 123.
Cuándo pedir ayuda profesional
Estas técnicas son primeros auxilios. Ayudan a pasar el momento, pero no cambian lo que mantiene la ansiedad. Vale la pena consultar si:
- Necesitas usarlas casi todos los días.
- La ansiedad vuelve con la misma fuerza una y otra vez.
- Has empezado a evitar situaciones para no sentirte así.
- Te cuesta dormir, concentrarte o disfrutar.
- Lleva varias semanas y no ves mejoría.
En terapia para la ansiedad se trabaja el origen del problema y no solo el momento difícil. Si quieres una primera orientación, puedes hacer el test de ansiedad. Atendemos en Bogotá, Medellín, Cali y en línea; los valores están en tarifas.
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Preguntas frecuentes
¿Cuánto tarda en bajar la ansiedad con estas técnicas?
¿Qué hago si la respiración me pone más nervioso?
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Escrito por
Jaime Martínez
Psicólogo · Director de Espacio Psicológico
Psicólogo y director de Espacio Psicológico. Coordina el equipo clínico entre Bogotá, Medellín y Cali, y edita el contenido de salud mental que publicamos.
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Contenido informativo; no reemplaza una valoración profesional. Revisado en octubre de 2026.
